Friday, December 09, 2005

La iglesia durante la transición



Hacia los ’90 la iglesia vio concretada su obra por los derechos humanos. Estuvo presente en el comité para la verdad y reconciliación en Chile, conocido como informe Rettig, en el cual se publicaron variados casos de detenidos y torturados durante la dictadura.

Sin embargo, la odiosidad en Chile persistía. La justicia demoraba en llegar. Las personas vinculadas a los delitos contra los derechos humanos nunca asumieron su responsabilidad, por lo que fue difícil realizar procesos en su contra. Mientras, los familiares de víctimas clamaban justicia, los culpables se mantenían en libertad, quizás por la famosa ley de amnistía, promulgada por la ministra de justicia del régimen, Mónica Madriaga.

Desde 1995 hasta la publicación del informe Valech, la Iglesia solo llamaba a la reconciliación, a seguir con la institucionalidad chilena y a olvidar el pasado tormentoso de nuestra historia. Tal vez, la santa institución se relajó en su misión y tomó como finalidades otras incitaciones, dejando de lado la violación de los derechos humanos, tema con el que aún no se ha hecho justicia.

No obstante, para el 2005 con ayuda de juristas, eclesiásticos y principalmente la figura de Sergio Valech, se publicó el informe que lleva su nombre, el cual contiene el testimonio de cientos de personas torturadas y que aún siguen con un trauma temeroso. Tal documento causó la molestia de sectores involucrados con las Fuerzas armadas, respondiendo con declaraciones que justificaban sus violentas acciones.

Es así como el accionar de la Iglesia durante la dictadura tuvo un rol fundamental, tal vez el más importante de nuestra historia, en defensa de los derechos humanos. Su líder, sin lugar a dudas fue el Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien concretó acciones en oposición al régimen militar. A pesar de ello, durante la transición, la Iglesia sufrió una afloración en su incentivo por hacer justicia. No puede haber reconciliación si nunca se ha hecho justicia.

Hacia una esperada reconciliación

Hacia la década del ’80, el cardenal Raúl Silva Henríquez termina su labor, asumiendo en su reemplazo el Arzobispo Juan Francisco Fresno Larraìn. Éste prosigue con la labor del antiguo cardenal, pero con una situación menos restringida, pues se estaba desarrollando una “política de apertura” dirigida por el ministro del interior de ese entonces, Sergio Onofre Jarpa. En aquella situación, se tomaron medidas para apaciguar el panorama político social, el que pasaba por un momento bastante álgido. La gran causa de aquello fue la severa crisis económica que afectó a los sectores mas pobres de nuestro país, originando grandes y violentas protestas por la capital, siendo fuertemente reprimidas.

Ante la caótica situación, el ministro del interior decidió abrir mas espacio para la sociedad, el regreso de exiliados políticos y lo más importantes crear un “acuerdo nacional” entre la naciente oposición, donde se establece un nuevo orden y consenso para el camino de la democracia, basado en la nueva institucionalidad. Este acontecimiento fue promovido principalmente por el episcopado chileno, los partidos de centro derecha y centro izquierda. Es el primer acto de reconciliación que la iglesia venia incentivando desde el `73, donde se tratan de apaciguar los rencores para iniciar el proceso de transición. Por medio de un plebiscito se lograría legitimar qué gobierno seguirá al régimen si el de Pinochet o el de la oposición a través de elecciones presidenciales.

Sin embargo, el gobierno no le prestó mucha importancia a tal consenso, sólo se deseaba aparentar una imagen de tranquilidad para el país. El general Pinochet llama a su gobierno una democracia autoritaria y protegida. El general convencido de que ganará la elección negocia la transición y se arma un panorama mas tranquilo entre las ramas políticas del país.


De este modo la iglesia cumple un rol fundamental en el camino a la transición de Chile, con la misión de desmantelar las injusticias sociales y de propagar la doctrina de los derechos humanos.

La resistencia misional de la iglesia

La iglesia persiste ante su misión. Se termina la labor de pro paz, pero sigue el incentivo de luchar por la justicia. Para ello, el cardenal Silva junto con el sacerdote Cristián Pretch crean una nueva institución mucho mas formal y organizada, basada en la doctrina católica y en un principio fundamental, el de la solidaridad. La institución, creada en 1975, recibe el nombre de “Vicaria de la solidaridad”, que tiene como objetivo ayudar a los más desvalidos, perseguidos y pobres. El nuevo organismo católico se creó en una clima más mucho áspero que el comité pro paz, pero obteniendo positivos resultados. La acción de la Iglesia se acrecentó y sus feligreses también. Cada día llegaban mas y mas personas en busca de ayuda o simplemente para otorgarla. La vicaria se extendió a varias capas de la sociedad como en universidades, poblaciones, prensa, entre otras.

Una de las acciones mas comprometedoras fue haber hallado fosas de cadáveres de personas detenidas desaparecidas en la localidad de Lonquén, causando un gran revuelo e impacto en la población. Las actividades de esta entidad aumentaron con los años sin graves problemas que afecten a su funcionalidad, pero siempre bajo la mirada del régimen y con la detención y asesinato de sacerdotes sospechosos de contribuir a la causa marxista.

Al mismo tiempo se creaba la Academia del humanismo cristiano de Santo Tomás de Aquino, institución a la cual llegaban todos los académicos expulsados de la Universidad Católica y de otras entidades de docencia superior. Durante su desarrollo hubo bastantes académicos y se realizaron variadas investigaciones de ciencias sociales, colaborando, de esta manera al desarrollo del estudio e intelectualidad del docente chileno.

En ayuda de los desamparados...

Poco a poco la iglesia toma conciencia del grave perjuicio que se le está haciendo a la sociedad. Las persecuciones a personas inocentes como mujeres, niños, jóvenes e incluso a los mismos sacerdotes, incentiva a la santa institución a formar un pequeño comité en busca de las personas desaparecidas, requeridas por sus respectivas familias; en este caso de escasos recursos que tratan por cualquier medio de ubicarlos. Esta fue una de las primeras misiones de la iglesia lo que impulsó a concretar su labor catequizadora para luego ir en defensa de las víctimas los derechos humanos.

Lentamente, la iglesia en unión con otras iglesias decidió crear un comité para la protección de refugiados extranjeros aquí en Chile, conocido como CONAR. Luego, la iglesia católica junto con la protestante, la metodista pentecostal, la bautista ya la Judea ayudaron a crear este organismo. Asimismo, esta labor también llevó a la creación del Comité pro paz, fundado en noviembre de 1973, donde están representadas todas las religiones ya nombradas. La función principal de este organismo era recurrir en ayuda a los chilenos que se encuentran en grave situación económica y personal como la violación a los derechos humanos y la expulsión a los obreros industriales, la cual aumentaba al corto tiempo.

Paralelamente, las relaciones con la junta militar se iban deteriorando, la política que implementó la iglesia para detener estado de guerra y preservar la doctrina de los derechos humanos, nunca fue aceptada por lo dirigentes. El régimen veía a la iglesia como un obstáculo para desenvolver su maquina represiva.

En una declaración, titulada “La reconciliación en Chile”, donde el episcopado denuncia los abusos excesivos del régimen y su postura por los derechos humanos, causó una acalorada polémica. La declaración se origina en un informe presentado por el comité pro paz, en el que se desmantela varios casos sobre la violación a los derechos humanos. Más tarde, esto le costaría la clausura a la entidad y la ruptura definitiva entre la Iglesia y la junta militar. La prensa de derecha hostigó irremediablemente al comité, hasta que varios funcionarios decidieron retirarse por que la situación era desesperante. Las amenazas y la obstaculización para la labor de pro paz eran irresistibles. Un ejemplo de ello fue el obispo luterano Helmut Frenz, a quien la prensa fustigaba pidiendo su renuncia, pero este se desistió. Las deserciones por parte de los otros religiones se hacían persistentes lo que influyó para el quiebre entre las distintas iglesias.

Corría el año 1975, y acontece un hecho bastante particular que le costaría el definitivo cierre al comité pro paz. El escondite de los miristas en Malloco fue ubicado por la DINA; los fugitivos no tuvieron otra opción que acudir a la iglesia para que los socorran. Ésta les prestó ayuda por medio de algunos sacerdotes, pero fueron descubierto prontamente. De inmediato, los eclesiásticos implicados fueron torturados y asesinados. Por lo demás la iglesia se vio involucrada en un tremendo problema con el gobierno, precisamente entre el cardenal Silva y el general Pinochet. Este ultimo le exige disolver el comité pro paz al cardenal, pues era evidente que la iglesia le prestaba ayuda a los prófugos marxistas. Sin mas que hacer, el cardenal decide cerrar la institución por la constante opresión que le acometían, aunque le plantea al general que la labor de la iglesia será como a de lugar la defensa por los derechos humanos.

Oración por la patria...

Luego del golpe, el día 18 de septiembre del 1973, la iglesia debía dar una misa de Te Deum, como era de costumbre, solicitada por el gobierno. Sin embargo, el obispado le pedía al cardenal Silva que no efectuara la ceremonia, pues le daría legitimidad a un gobierno ilícito y a un acto violento(1). El Cardenal, en tal disyuntiva, dijo que la ceremonia sólo será una “Oración por la patria en el templo de la gratitud nacional”, donde se pediría por los caídos y tendría un carácter ecuménico(2):

“(...) hoy, dadas las dolorosas circunstancias que hemos vivido, esta celebración cobra un doble significado: venimos aquí a orar por los caídos, y venimos también y sobre todo, a orar por el porvenir de Chile (...)”(3)

Tal discurso, causó la molestia de la junta militar presente en el Templo de la Gratitud Nacional y le valió al cardenal la fama de “cura comunista” . Por supuesto que la petición del Cardenal no fueron escuchadas y el nivel de violencia continuó, incluso acentuándose. Este acontecimiento marcó el inicio de un periodo de constantes problemas entre la iglesia y el gobierno.


(1) Cavallo, Ascanio. Memorias del Cardenal Raúl Silva Henríquez, tomo II. Ed. Copygraph. Santiago 1991. P. 291.
(2) Ibid.
(3) Ibid, discurso del Cardenal Silva. P. 292.

La iglesia en una época de transformaciones

Al acontecer el golpe militar, en septiembre de 1973, la historia de Chile cambió abruptamente. La imposición de la dictadura, que supuestamente iba ser solo de transición para volver al orden y la democracia, persistió por 17 años, en los cuales se estableció un rígido régimen de facto autoritario y represivo.

Inmediatamente después del golpe se crea una junta militar, en que se representa a las máximas autoridades de las Fuerzas Armadas: el general Gustavo Leigh de la Fuerza Aérea; el general José Toribio Merino de la Marina; el general Augusto Pinochet del Ejército y el general César Mendoza de Carabineros. Se promulga la declaración de principios, documento que explica la instauración del gobierno y la forma en que Chile será regido. Además la junta expresa que su mandato durará por un corto periodo, en donde se volverá a la institucionalidad y orden para Chile. Sin embargo, ya para el año 1973, se cometían excesivos abusos contra todo aquél que estuviera en oposición al régimen; la tortura se hizo inminente; los abusos se masificaron junto con los exiliados y las muertes. De esta manera, se propagó el temor y la amenaza; y con estas herramientas se ordenó Chile.

En tanto, todo el sistema se vio transformado. La economía se convirtió en una verdadera revolución, implantándose un modelo novedoso, nunca antes desarrollado en el mundo. Era una continuidad del liberalismo económico pero llevado al extremo. Si bien el capitalismo vio su fin en la gran crisis de 1929, causado fundamentalmente por su excesivo laisser fair, donde no hubo ninguna reglamentación ni fiscalización, hubo un economista austriaco llamado Friedrich Von Hayek, quien teorizó y cuantificó matemáticamente al liberalismo económico llamándolo monetarismo. Este método trataba sobre el control de la moneda por parte de cada país, para controlar la inflación. Su libro “Camino a la servidumbre” exponía toda su teoría y la crítica hacia la teoría keynesiana. La doctrina establecida estaba marginada y ni siquiera en Europa se utilizaba, pues no se quería regresar a una severa crisis económica como la del ’29. Por ese entonces se requería de la teoría de Keynes, la cual establecía la intervención del Estado en el desarrollo económico para levantar políticas sociales, creando un estado benefactor. Chile fue el primer país que estableció política monetaria de Hayek, gestionada por unos economistas venidos de la Universidad de Chicago, que por ese entonces era la única institución que propagaba tal doctrina. Toda esta política se implantó bajo el autoritarismo del General Pinochet. “Los chicago boys”, como fueron conocidos, deseaban sacar al país de la severa crisis inflacional, utilizando tales enunciados del neoliberalismo. Para esto se implantaron severas políticas sociales, disminuyendo el gasto público, afectando a gran parte de la sociedad. Además se privatizó todo lo que antes se había sido estatizado. Bajaron los impuestos aduaneros; liberalizaron los precios y se incentivó a la inversión, dándole énfasis al mercado financiero. Estas medidas llevaron a que Chile saliera de su crisis, incrementándose la producción y el crecimiento, aunque con un enorme costo social.

En cuanto a lo político, Chile de una democracia pasó a una dictadura militar, estando gobernado por siete años en estado de sitio y sin la tutela de un reglamento jurídico. Recién en 1980 se dicta la constitución, pero no se ejerce, sino hasta 1990. Bajo este régimen no había derechos ni libertades individuales. No se podía crear partidos políticos por lo que tampoco había oposición ni un parlamento. No había legislación, sólo se gobernaba por decretos leyes. El poder judicial era el único que mantenía una cierta autonomía, pero tenía gran simpatía por el régimen, así que no fue muy efectivo. Todo el poder recaía en la junta militar. Se crearon agrupaciones que asesoraron al gobierno como los gremialistas, quienes ocuparon cargos públicos y ayudaron a la elaboración de la constitución. Los gremialistas se basaban en la doctrina corporativista franquista de España, donde se explica la sociedad orgánica, es decir, la sociedad debe estar representada por organismos intermedios, los cuales deben alcanzar fines específicos. Su máxima figura fue Jaime Guzmán, quien más tarde fundará la UDI.

Simultáneamente, la sociedad estaba oprimida. Había rígidas restricciones para las libertades individuales. Hubo un fuerte poder coercitivo contra personas inocentes, pero según el gobierno culpables. Para esto se gobernó con tiranía, lo que llevó a que el temor horrorizara a la población. El toque de queda era frecuente. Las represiones contra las protestas o cualquier acto de emancipación, fueron altamente violentas. Muchas personas fueron tomadas prisioneras y encarceladas en centros de reclutamiento como el estadio nacional. Allí muchas fueron torturadas y eliminadas por las fuerzas militares y de carabineros, y sus cuerpos desaparecidos. Cualquier acto de sospecha era tratado. Muchas personas se mandaron al exilio, sin saber cuando volver. De esta forma, fueron constantemente violados los derechos humanos. Ante tan crudo panorama, hubo una institución que fue testigo de tales horrorozidades y que actuó de acuerdo a sus principios cristianos. La Iglesia fue el órgano que más protestó contra los crímenes y abusos cometidos por el gobierno, donde se percató tempranamente de las violaciones de los derechos humanos. Su máximo opositor fue el Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien representó “la voz de los sin voz”, hecho que enfurecía al gobierno militar. No obstante, hubo un grupo de eclesiásticos que sì apoyaban al régimen, pues era la única salida para terminar con la caótica situación que Chile pasaba, aunque con el tiempo se retractarían por los permanentes abusos que se cometían. Tal vez, la Iglesia fue la única institución que no fue tocada por el régimen y la única que le armó una constante oposición.

De este tema es el que se tratará de inmediato en este trabajo, donde se explicará el actuar de la Iglesia durante el régimen militar, cuestionando si fue una verdadera oposición si y realmente logró ser una ayuda a la sociedad desamparada.